ARCHIVO – El poder de la mujer raizal de San Andrés y Providencia

octubre 21, 2020 1:05 pm

Por: Efraín Dawkins Sanmiguel

Historias que retraten lo duro que fue el pasado para las esclavitudes africanas abundan en escritos, pero una en particular que proviene de la narración oral se expandió por todo el Caribe. El legado de ‘Queen Nanny’, jamaiquina que lideró a su pueblo hasta la victoria contra el ejército británico a principios del siglo XVIII, quedó marcado en la memoria de las mujeres afrocaribeñas quienes, con rigor y carácter, luchan hasta el cansancio para hacer valer sus derechos a nivel mundial. Una de ellas, es Emiliana Bernard Stephenson, tan providenciana como la playa de Manzanillo y tan auténtica como el “rondón”, plato típico en las islas.

A sus 54 años sabe lo que es ensuciarse las manos con tierra y vivir rodeada de vegetación, pues en Providencia, al igual que en otras islas como JamaicaTrinidad y Tobago y Costa Rica, los alimentos eran cultivados en el patio de la casa de forma natural y saludable, mucho antes de que llegara el denominado “progreso”.

El olor a leña quemada y el rebote de las olas sobre la orilla de la playa, eran la felicidad. Dentro de un gran caldero, quemado y abollado por los bordes, hervía la leche de coco en la que irían el resto de los ingredientes del ‘rondón’, una receta caribeña que adquirió otra sazón al llegar a su tierra. Donde hay un isleño, no puede faltar este manjar. Su madre, Iris Stephenson, le enseñó que “las raíces son el mayor tesoro que tiene”. Y los viejos siempre tienen la razón.

Las cosas nunca fueron fáciles. Llegó la mayoría de edad. Decidió salir de su isla para instalarse en Barranquilla por motivos de estudio.  Allí arrancó la pelea que marcaría su vida para siempre. Asegura que la discriminación y el ritmo de la ciudad hicieron densa su estadía en la Costa Caribe colombiana. Como mecanismo de defensa, al tratar de superar esta situación que, asegura, viven las mujeres negras en la actualidad, encontró unos espacios que le permitieron explorar y expresar lo que sentía para ese tiempo.

 


“Comencé con el Movimiento Negro de los Palenqueros. Hubo un profesor muy querido de la Universidad del Atlántico con el que pude estudiar los derechos civiles que se vivían en Estados Unidos y entré en esa dinámica por conocer lo que puedo conquistar, reclamar y demandar como ciudadana”


 

Se acercó al feminismo en el año 2000 cuando trabajaba en una fundación. “Me invitaban a charlas en Bogotá y creamos la Red Departamental de Mujeres en el 2003. Así arrancó el proceso para visibilizar e incentivar a las mujeres a dejar lo domestico, mirar otras oportunidades del mundo exterior, y liderar procesos”, asegura Bernard.

En el paraíso está todo lo necesario para ser feliz, pero las desigualdades te impulsan a partir. Es la única alternativa que tienen quienes deciden prepararse profesionalmente, “labor que es dura cuando no se cuenta con recursos y, aún más, cuando eres mujer”. Con algunos contratiempos, esta providenciana madre de dos hijos y abuela del pequeño Jaden, logró graduarse como comunicadora social y periodista, con especialización en Administración Financiera y una maestría en Estudios del Caribe. Un logro para ella y su familia.


Cambios sociales

De lunes a viernes, las sandalias, shorts y cabello recogido son el atuendo indicado para el caluroso clima. Los domingos, madres e hijos lucen elegantes. Usan sombreros, vestidos hasta la rodilla y bolsos que contienen la Biblia y algunos dulces para mascar durante el culto de la iglesia. Esta práctica está intacta y la salvaguardan, pero no es el único rol que quieren desempeñar. Si de retos se trata, las líderes nativas del archipiélago buscaron, antes que nada, extinguir aquel imaginario que ubicaba a las mujeres en la cocinaatendiendo las labores del hogaren la iglesia o sometiéndose a su pareja. Emiliana Bernard cuenta que desde siempre estuvo en contra de ese pensamiento y buscó cambios a favor de su género.

Uno de ellos, fue durante su administración como gerente del Canal Regional Teleislas (aún continúa), cuando logró que, por primera vez en su historia, este medio de comunicación comenzara a transmitirse a nivel nacional. Los bailesla gastronomíalos paisajes, y la música de una comunidad étnica que lucha por su autonomía, hoy pueden verse en las pantallas del territorio colombiano; algo que el archipiélago esperó por dos décadas.

Anterior a esto, en 2004, la providenciana trabajó en conjunto con otras gestoras e interpusieron la primera acción de tutela con la red departamental que fallaron en el país. La iniciativa se tomó para promover la inclusión de mujeres en las ternas y cargos públicos. “En el gobierno solo había hombres y ejercimos presión hasta lograr cambios para que la presencia femenina y nuestra participación se plantara”, dijo Emiliana, agregando que, como resultado de esta gestión, ya se tiene mayor cuidado con la equidad de género al momento de escoger candidatos en el departamento. También, hoy día las mujeres tienen incidencia en la Asamblea de San Andrés en temas de desarrollo.

En cuanto a los derechos étnicos, las raizales del archipiélago de San Andrés, Providencia y Santa Catalina no tienen garantizados algunos (económicos y sociales). Así lo afirma Emiliana: “no ha habido oportunidades para que la comunidad femenina construya empresa y se desarrollen a partir de la creación de negocios. No es fácil que accedan a créditos para financiar sus iniciativas”.

 

 


Resistencia y conservación del legado cultural

Empoderarse y entender el rol de la mujer dentro y fuera del archipiélago dejó buenos frutos. Esta hija, madre y abuela ha sido la inspiración y mentora de quienes dejaron atrás los límites y decidieron hablar de frente sobre sus derechos, liberando aquellas cargas sociales que nublaban las oportunidades. Reconoce también el papel fundamental que cumplen otras voceras de la etnia como Miss Corine Duffis quien, recientemente, junto a su movimiento se opuso a la posesión de un militar como nuevo gobernador de San Andrés, alegando que el departamento contaba con personas preparadas para el cargo. Ambas, fueron invitadas especiales en el marco de la XIV Semana Raizal que se realiza en Bogotá cada año por la organización de la comunidad fuera del archipiélago (ORFA).

“Accedimos a espacios sociales que permitían otro tipo de transformaciones. Por eso, ya estamos asomadas en la política, nos atrevemos a conversar sobre temas difíciles y se logró entrar a ese mundo que no es creado por nosotras, pero en el que sí tenemos que permear para acceder al poder y tomar decisiones”, respondió la providencia al preguntarle: ¿Qué tanto se les tiene en cuenta en su territorio para liderar proyectos políticos, deportivos y culturales?

Gran parte de la reproducción y conservación de las tradiciones de este territorio ha sobrevivido gracias a sus mujeres. La comunidad que en el año 1834 dejó de estar bajo el mando de terratenientes europeos y recibió la llegada de su emancipación por parte del reverendo jamaiquino Philip Beckman, no es la misma de este momento. En memoria de aquel episodio histórico que desprendió las cadenas de la esclavitud originadas por la época colonial, los nativos del archipiélago defienden a capa y espada un legado que corre peligro de extinguirse. Cada año, desde los más jóvenes hasta los mas veteranos celebran “The Emansipieshan Week”, que en la lengua creole traduce “La Semana de la Liberación”.

 

 


¿Qué hace diferente a la población femenina de su región?

“Las mujeres de aquí somos diferenciadas por nuestra crianza e identidad cultural. El entorno definitivamente nos marca y por eso pensamos diferente; el estar en una insularidad genera unas formas particulares de ver la vida y eso nos vuelve especiales”, contestó la providenciana.

<p»>Además, asegura que el habitar en un espacio tan pequeño como San Andrés, con pocas oportunidades de convergencia con otros sectores, lleva a los nativos a ser poco espontáneos y liberales al momento de expresarse. “Es lo que somos, es de donde provenimos y es la raizalidad que nos marca desde el nacimiento. Las mujeres afro o de centros urbanos grandes pueden tener pensamientos un poco más abiertos en comparación con nosotras las isleñas, pero es por el contraste de espacio y entorno”, agregó.

Aunque le tocó acostumbrarse al panorama citadino, todavía viste coloridos trajes acompañados de turbantes y accesorios de gran tamaño; nunca faltan en la maleta. Como dirían los abuelos isleños “la identidad siempre debe acompañarnos hasta el rincón más lejano del planeta”.

 

 (Noticia publicada el 11 de diciembre, de 2018 en El Espectador)


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