ARCHIVO – Robert Taylor y el sonido de «Sin senos sí hay paraíso»

octubre 4, 2020 12:26 am

Por: Efraín Dawikins Sanmiguel

El 16 de mayo de 1972, en un hogar nativo de la isla de San Andrés —aquel paraíso que conserva tradiciones y recuerdos de lo que fue su lucha para consolidarse como pueblo raizal—, nació quien, años más tarde, se convertiría en el productor con más trayectoria del lugar y uno de los más distinguidos de Colombia. Con 46 años, Robert Francis Taylor recuerda sus primeros coqueteos con la industria musical en la década de los ochenta.

Durante su paso por el colegio la Sagrada Familia conoció al profesor Octavio Quintero. Él lo invitó a hacer parte de la banda juvenil. A los 14 años cuando comenzó a tocar trompeta, palpitó la afinidad por el cuarto arte. Al terminar sus estudios en la isla decidió ir un paso más allá. La producción tocó a la puerta de forma oficial y entendió que la preparación más que una obligación, era una necesidad. Al menos si quería crecer. En 1990 Taylor ingresó a la Universidad Nacional para estudiar música. Ahí estuvo dos años. Pero, fue en 1996 que culminó su preparación en la Javeriana.

Sus tres primeras producciones se grabaron en discos de acetato. Era el recurso del momento. “El primer proyecto grande del cual participé fue cuando fundamos la agrupación Magical Beat en 1992. Vivía en Bogotá. Cada uno de los integrantes de la banda estaba en las islas, así que los traje a la capital y le dimos vida a la idea. Allí nos mantuvimos por 14 años”. A través de esta iniciativa, el productor vio la oportunidad para explorar sus primeros trabajos en el área.

“Fue determinante para la formación inicial de mis conocimientos y carrera”.

Aquí no acabó todo, era sólo el inicio. Para emprender el difícil camino de la música y, en este caso, la producción de audio se requiere de un arsenal técnico para que la materialización de las ideas no se frustre. “Tuve dos grabadoras casete con las cuales lograba emular una grabación multicanal. Era una técnica muy primitiva que ofrecía muy baja calidad”. Al terminar su año escolar, su abuelo quiso aportar algo, le dio un sintetizador profesional e inició con las secuencias multitrack, exploró haciendo pistas basándose en las canciones que escuchaba. Llegaron sus primeras melodías en la nueva herramienta que, más que un obsequio, se convirtió en el motor que fue testigo del nacimiento de los sencillos con los que debutó el grupo Magical Beat en la industria. “Pude tener una plataforma para grabar diferentes instrumentos y escuchar lo que iba construyendo”.

«A su vez, me encontré con una vida artística a la que toca darle manejo con disciplina y constancia. Lo difícil es que uno se pierde momentos y fechas especiales, pero desde el inicio supe que así serían las cosas. Me atrevo a decir que mi mayor éxito ha sido trabajar con ella desde el inicio de su carrera. Me tocó ver sus pasos de evolución y la manera en que se convirtió en una persona exitosa, un crecimiento que también me sirvió mucho».

La tecnología al igual que los sonidos atraviesan por transformaciones. Poco a poco, Taylor obtuvo equipos más avanzados.

A punta de samplers —herramienta electrónica, una especie de sintetizador— hizo una producción que grabó en un piano. Una compañía francesa le compró el producto. Fue así como hizo su primer negocio con buena paga. El dinero le sirvió para que su estudio tomara forma.

“Eso fue creciendo hasta el punto que ya contaba con un lugar de trabajo grande con 72 canales de grabación digital. Muchos los vendí y regalé con el pasar del tiempo por soy muy alineado a la vanguardia y entendí que para el tipo de música que trabajo (urbana y electrónica) existían herramientas en el computador más útiles, flexibles y prácticas”. Se sentía agradecido por la utilidad que los mecanismos del pasado le ofrecieron, pero tocaba avanzar. La inclusión en cuanto a software y hardware que el momento demandaba expandió sus conocimientos en el área. Hoy en día tiene un sistema más alineado: buenos micrófonos, amplificador, tarjeta de sonido, parlantes y audífonos. “Con todo esto laboro hasta la fecha”.

 

 


Sin senos sí hay paraíso’ y otras oportunidades

El raizal reside hace cinco años en Miami con su esposa e hija. La decisión se tomó porque quería acercarse al mercado norteamericano para llevar sus sueños “a otro nivel”, como él lo diría. “Esta ciudad es un eje mundial de la música, sobre todo la latina y es más fácil relacionarse globalmente para lo que siempre he buscado”.

Con su llegada a Estados Unidos fundó una compañía con Gustavo Bolívar y Nicolás Tovar, y la finalidad era escribir y producir las piezas de audio para series televisivas y películas. ‘Sin senos sí hay paraíso’ fue el primer material. “Vamos para la cuarta temporada. Detrás hay una banda sonora que acompaña todo de una manera nunca vista. Cada personaje importante tiene una canción”. El contacto para encontrase con esta oportunidad que le dio un vuelco a su carrera surgió por un amigo suyo de Cartagena —con quien trabajó el proyecto del dúo Dragón y Caballero— que lo vinculó con Bolívar.

Cuando de ritmos se trata, busca alinearse a la necesidad del producto y al cliente que llegue a su estudio. Gracias a su lugar de origen heredó una riqueza multicultural. “Tenemos inglés caribeño — creole — pero también cargábamos con toda la cultura latina, el español colombiano, las raíces africanas; el reggae, dancehall, zouk, soca. Luego aparece la salsa y el merengue. Esa ascendencia se convierte en una ventaja porque me ofrece mayor flexibilidad para escoger los sonidos”.


Tropiezos y cambios del escenario musical

La mayor dificultad con la que se cruzó en el camino fue aquella visión vanguardista que no resulta nada bien en el gremio del que se hace parte. “En las emisoras y con la gente que tienes que trabajar cuando lanzas proyectos y desarrollas artistas siempre esta la parte subjetiva de los conceptos y lo que la gente cree que funciona”. El ser arriesgado para fusionar melodías y géneros atrajo algunas críticas. “En lo comercial tratan siempre de mantenerte dentro de los parámetros y el productor que decida ir un poco más adelante le cuesta convencer a quienes hacen parte del proceso de desarrollo”.

Para fortuna suya, no todo fue malo. Trabajar con Dragón y Caballero, el dúo cartagenero, es para él uno de sus mayores logros porque de ahí nació una nueva propuesta diferente y original con sello propio que los llevó a “brillar” sin la necesidad de apoyarse en tendencias. “Colombia entera disfrutó tanto de esta banda, que llegamos a los primeros lugares y se sumaron muchos premios”.

Por otro lado, el legado que dejó la emblemática banda Magical Beat en el país, es para él, su más grande triunfo.

“Las generaciones cambian y la única música que existe no es la que nos gusta y conocemos. En estos tiempos el turno le llegó al reggaetón, pero en algún momento fue el rock y pop”. Robert Taylor acepta los cambios. Aunque los ciclos son cortos, le sorprende como el tiempo sostiene esta propuesta proveniente de Puerto Rico y Panamá. La nueva ola del género urbano que está arrasando con el mercado, él la ve como un proceso de transformación. “Ha sobrevivido y estará con nosotros por largo rato. Todos los que dijeron que era una simple moda deben comerse sus palabras”. Asegura que las variaciones son necesarias para que los sonidos prevalezcan, pues algo que no evoluciona, simplemente desaparece.

Su mayor regalo para los raizales, la comunidad nativa de San Andrés, Providencia y Santa Catalina es devolverle desde su área parte de la riqueza cultural que obtuvo al nacer y crecer en estas tierras insulares. En la maleta nunca deben faltar las raíces, así se esté del otro lado del globo.

 

(Noticia publicada el 25 de enero, de 2019 en El Espectador)


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