ARCHIVO – Santa Catalina Isla vive el olvido por la caída de su puente

octubre 21, 2020 6:37 pm

Por: Efraín Dawkins Sanmiguel

“Santa Catalina no existe sin su puente”, es la sensación de sus pobladores. La estructura que lleva por nombre Los Enamorados tiene un valor distinto al que perciben los visitantes. “Es un medio para cruzar al otro lado”, pensarían. Pero significa mucho más.

Es un monumento, un bien material que le pertenece a la comunidad y que esconde las más inéditas historias sobre piratas que desembarcaron en el archipiélago en el siglo XVII. Por algo, algunos sitios, como la Cabeza de Morgan, recibieron nombres alusivos al marinero galés Henry Morgan, quien visitó este territorio en repetidas ocasiones, según leyendas que cuentan los más viejos.

Ya no hay comunicación entre los dos extremos. Los raizales que habitan en la pequeña hermana de San Andrés y Providencia no tienen hospital, tiendas, droguerías ni, incluso, tráfico vehicular, pues la idea era mantener el ambiente armonioso que caracteriza al sector. Caminar por el puente, cuando estaba en buen estado, era una actividad rutinaria e indispensable. Hoy se sienten en el olvido por el derrumbe de la estructura. Solo quedan los cimientos de madera y les toca caminar sobre ellos para no interrumpir sus labores del día, situación que pone en riesgo su vida y la de los visitantes que atraviesan para conocer los atractivos turísticos que están de ese lado.

Las tragedias más sonadas en la historia del país siempre dieron aviso, pero nunca recibieron la atención suficiente. Por el Puente de Los Enamorados atraviesan diariamente cerca de 300 personas; algunas no tienen más opción, mientras otras lo hacen por simple gusto. El punto es que no dejan de ser vidas en riesgo frente a un derrumbe.

 


Un año atrás, los niños atravesaban la estructura sin compañía. Hoy, significa peligro. Un espacio que se prestaba para el esparcimiento les permitía lanzarse al agua desde una punta del puente. Debajo transitaban las lanchas para cortar camino y evitar la corriente en mar abierto.


 

Ahora deben dar la vuelta completa para llegar a Cayo Cangrejo. Esto implica gastar más combustible y tiempo, porque no hay espacio. El lugar no cuenta con alumbrado público. Caminar sobre los cimientos de madera por la noche no es recomendable, porque faltan algunas piezas en el suelo. Es por eso que los pobladores de Santa Catalina prefieren estar en casa antes de que el Sol se esconda.

Su alcalde, Bernardo Bent, le aseguró hace cuatro meses a este medio que entre los planes estaba construir un nuevo puente que costaría $6.000 millones. Dijo que la seguridad de los isleños era fundamental. Como alternativa para apaciguar la situación, las personas serían trasladadas en lanchas, mientras llegaban los recursos para la reconstrucción.

Al parecer, todo quedó en veremos. La salud de Los Enamorados va en caída y El Espectador está a la espera de respuestas sobre el avance de la gestión. Se intentó dialogar con la Alcaldía de Providencia y no fue posible.

Para los moradores aledaños al extremo menos afectado de la estructura, es difícil entender cómo un tema tan delicado no recibe la atención que merece: “Al menos nosotros estamos más cerca del centro y podemos estar bien. Pero nuestros vecinos de Santa Catalina no tienen más opción que atravesar la zona destruida ante cualquier emergencia”. Como dirían algunos, están en el olvido e impacientes.

En estos momentos, el clima está a favor. La temporada de lluvias que azotaron a las islas en septiembre del año anterior dio paso al panorama actual. Aunque anteponerse al invierno es visto como la oportunidad para ejecutar la propuesta que se envió al Instituto Nacional de Vías (Invías), la vigencia fiscal del 2018 culminó y se desconoce qué ocurrió con los trámites que diligenciaba el municipio para conseguir los recursos a través del Gobierno Nacional.

Esta sería la segunda reparación del puente. A finales de 2015, previamente al cierre de la administración de Arturo Robinson, la ley de garantías permitió que se mantuviera un contrato para reforzar el estado de la estructura. A los dos años, el deterioro reapareció y, según un ingeniero del municipio, cabe la posibilidad de que se haya utilizado materiales de mala calidad. Los vientos del hemisferio norte que empezaron el 21 de diciembre, cuya terminación se pronostica para el 21 de marzo, son una bomba de tiempo para los pobladores de Santa Catalina.

Los propietarios de vehículos acuáticos dicen tener la situación bajo control. Poseen los medios para cruzar, pero algunas familias no. Para la mayoría de los raizales no llegaron las lanchas de las que habló la Alcaldía. De hecho, parte de la frustración que los invade está asociada a una posible “mala distribución y priorización de los recursos”. Se cuestionan por qué se invierten millonarias sumas para la organización de eventos y no para salvaguardar una pieza tan esencial que compromete la estabilidad y calidad de vida del pueblo.

 

 


¿Y el turismo?

“Se supone que Los Enamorados es uno de los atractivos turísticos principales que atraen la atención de los visitantes. Se les promete un lugar bello en fotografías, pero cuando llegan notan el abandono. Hasta que no suceda una tragedia no tomarán acciones contundentes para solucionar el problema. La gente sigue usando el puente como si nada”, manifestó una hotelera de la isla.

En Santa Catalina hay cerca de tres posadas nativas que en los últimos meses han denunciado pérdidas considerables en sus negocios por falta de huéspedes.

El sector es uno de los más buscados por la tranquilidad que se refleja en la prohibición de vehículos, la música a alto volumen y el consumo de licor. Sus habitantes solo esperan recibir pronta solución al inconveniente que ha cambiado su vida para mal. Esperan que su alcalde dé la cara y que este proceso de reparación no se dilate más.

 

”El puente está quebrado, ¿con qué lo curaremos?”, no es en este caso una simple ronda infantil sino un aviso a las autoridades.

(Artículo publicado en enero 8, de 2019 en El Espectador)


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